EMDR

Las siglas en inglés (Eye Movement Desensitization and Reprocessing) traducidas al español, significa Reprocesamiento y Desensibilización mediante Movimientos Oculares. Este tipo de terapia fue descubierto por la estadounidense Francine Shapiro en 1987. Esta psicóloga descubrió, paseando por un parque, que escuchar los sonidos de los cantos de los pájaros a un lado y a otro de sus oídos, así como mover los ojos a izquierda y derecha, aliviaba el estrés. Investigando sobre ello, descubrió que dichos movimientos permitían reducir la sintomatología del Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT).

¿Cómo se genera el trauma?

La hipótesis es que el hemisferio emocional del cerebro se activa ante situaciones inesperadas en las que sientes peligro para tu vida o para la de los demás (traumas). Se produce una situación de indefensión, como cuando tienes un accidente, estás en una guerra, sufres de abusos sexuales y/o maltrato, padeces una enfermedad grave o fallece repentinamente un ser querido, por poner algunos ejemplos de traumas.

El cerebro, ante una amenaza, activa la amígdala cerebral, que a su vez desencadena reacciones fisiológicas moduladas por el Sistema Nervioso Autonómo (SNA) Simpático,  para poder responder a ese peligro potencial: tensión muscular para enfrentarte a quien te quiere hacer daño, aceleración del corazón y la respiración para poder huir, e incluso sensación de náuseas para echar fuera un veneno que hubieras ingerido, entre otros síntomas. Si todos estos recursos son utilizados (escapas, vences a tu agresor, vomitas…), toda esta sintomatología desaparece, puesto que ha sido utilizada con éxito. Además, al escapar o eliminar la amenaza, entra en juego el hemisferio racional, que pone en marcha el Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático, que anula las reacciones fisiológicas del simpático, permitiendo al cuerpo relajarse. Pero si no te has podido enfrentar a la amenaza, la sensación de indefensión se queda metida en nuestro cerebro y es cuando se produce el trauma. Cualquier asociación futura de un estímulo con lo vivido, lo puede volver a activar, reviviendo los síntomas y pudiendo convertirse en un TEPT. 

Pongamos un ejemplo: suena un petardo cerca de ti. Se activa tu amígdala y te asustas porque es un ruido fuerte. Sufres un pequeño sobresalto, tu SNA simpático se ha puesto en marcha. Ves al niño, te das cuenta que no hay peligro. Entonces entra el SNA Parasimpático, y razonas: ya está, no hay peligro. No hay trauma. La amígdala asocia ruido con petardo. Además, si te vas a una mascletá, puedes llegar a acostumbrarte y vivir ese sonido como diversión en lugar de como amenaza.

Imaginemos ahora que ese petardo suena cerca de una persona que ha vivido una guerra. Para esta persona no es diversión, es peligro, porque lo asocia a un disparo. La indefensión que sufrió en ese lugar tan peligroso vuelve a su memoria. Al punto de desarrollar esos síntomas del TEPT: revivir el suceso traumático, sufrir pesadillas, flashbacks (imágenes del suceso que se viven como si estuvieran en el presente) y estar en riesgo de desarrollar un cuadro de ansiedad, pensamientos negativos y depresión.

¿Cómo funciona el EMDR?

Estimulando de forma bilateral el cerebro mediante movimientos oculares, auriculares con sonidos alternativos a un oído y otro, o golpecitos en las rodillas, mientras la persona recuerda el suceso traumático. Esta estimulación permite conectar los hemisferios para favorecer que se integren los recuerdos “enquistados” en el hemisferio emocional y sean reprocesados por el hemisferio racional. Al integrar ambos hemisferios, la persona siente que eso ocurrió en el pasado, esa incertidumbre, esa indefensión, no están presentes ahora en su vida. De ahí la definición del EMDR: reprocesamiento (asignación de un significado no amenazante) y desensibilización (desaparece la perturbación asociada al trauma).

El proceso

Hay varios protocolos en el EMDR, dependiendo del suceso, la persona y los síntomas. El más estándar es el que describo a continuación.

Primero se identifican los traumas en la vida de la persona que acude a consulta, confeccionando una lista. Se evalúa, dentro de esa lista, el impacto de cada uno de ellos, evaluando el grado de perturbación que siente al recordarlo. Perturbación se refiere a una sensación física, por ejemplo ahogo en el pecho, nudo en la estómago, presión en el abdomen, tensión muscular en brazos, piernas o cuello, sudor en las manos, ganas de llorar, o cualquier otra que surja mientras el paciente relata cómo se produjo el suceso traumático.

Segundo, se elige, de esa lista, el trauma anterior más intenso o más alejado en el pasado. Para este protocolo estándar, hay que tener en cuenta que dicho suceso haya ocurrido al menos dos años atrás, si es más reciente se considera normal que haya perturbación puesto que el cerebro necesita su tiempo para asimilar el impacto de algo inesperado y doloroso.

Tercero, comienza la estimulación bilateral, por tandas, para tener descansos e ir comprobando que se está reprocesando de forma adecuada. Entre serie y serie la persona no habla, sólo deja su mente libre para que vaya asociando recuerdos. Esto es lo más importante: no hay que intentar dirigir los pensamientos, sino observarlos, aunque hagan asociaciones que no parecen tener sentido. Evitar reflexionar sobre lo que va saliendo, simplemente, dejar que vayan viniendo recuerdos, pensamientos o imágenes. Es posible que incluso salgan recuerdos inventados, que la mente genera para reprocesar, o imágenes simbólicas, como colores, formas, dibujos, figuras etc. Nada de lo que surja es preocupante, todo acaba teniendo su significado, y cada mente lo procesa de una manera.

Tras varias tandas, y en función de lo que vaya surgiendo, el profesional decide cuándo parar, sin estar más de 45-50 minutos, para no agotarse. Lo habitual es que se necesiten varias sesiones, dependiendo de la persona y el trauma, con lo cual, hay que tener paciencia, porque en la primera sesión probablemente no se vea ningún avance. Tras varias sesiones, se irá notando el efecto, y hay momentos en que tu mente hace ese “clic” que une emoción y razón y que tanto cuesta conseguir con la terapia cognitivo-conductual tradicional. Es cuando se produce el reprocesamiento y el trauma se desensibiliza, permitiendo a la persona quitarse esa gran piedra de su mochila.

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