Coronavirus: «mono» del deporte

Practicar deporte con regularidad aumenta la secreción de dos sustancias que actúan como neurotransmisores cerebrales: dopamina (conocida como la “molécula del placer”) y serotonina, que producen estados de bienestar y euforia. Por otro lado, están también las famosas endorfinas, que son nada más y nada menos que opiáceos (o sea, como la morfina). Éstas se ponen en marcha cuando realizamos un esfuerzo grande, para elevar el umbral del dolor y así retrasar la aparición del cansancio y la fatiga. O sea, es como un analgésico, también natural.

El cerebro es flexible: si le acostumbramos al ejercicio físico su fisiología cambia. Así, nos convertimos en una especie de “deporteadictos”: nuestro sistema nervioso central se acostumbra a segregar sustancias y cuando pasamos una temporadita “parados” nuestras células las reclaman, pudiendo su falta producir cambios de humor. Mi tesis doctoral precisamente trató sobre la dependencia del ejercicio físico, donde estuve investigando para crear una escala que permitiera detectar a deportistas “enganchados” a la actividad física.

La más utilizada hasta el momento justamente se basaba en que dicha dependencia mostraba síntomas similares a la adicción a sustancias (drogas), como la necesidad de consumir más para conseguir los mismos efectos, no ser capaz de controlar el consumo, tener síndrome de abstinencia…  al final y al cabo hemos dicho que esas sustancias que tenemos en el cerebro son drogas ¿no? Por tanto, las echaremos de menos si tenemos costumbre de practicar deporte y dejamos de hacerlo o reducimos su intensidad y/o tiempo de dedicación.

Así pues, si para una persona sedentaria va a ser duro el encierro, para un deportista, sobre todo si estaba acostumbrado a hacer deporte al aire libre, lo va a ser más aún. Se queda sin actividad física y sin sol. Además, los deportistas somos personas activas por naturaleza, con lo cual el parón nos afecta mucho más. Pero, por otro lado, con respecto a las personas sedentarias, hemos desarrollado más un aspecto muy importante dentro de la psicología: la tolerancia a la frustración, tanto en deportistas aficionados, (en aquellos que buscan la superación personal), como, sobre todo, en competidores. Es decir, que lo vamos a sufrir más, pero tenemos más habilidades para combatir este encierro.

Como hice en el primer artículo de consejos para sobrellevar este aislamiento por el coronavirus, quería que tuvierais en cuenta, primero de todo, que ese “mono” se puede presentar y provocarnos sentimientos de desesperación, indefensión, hastío, aburrimiento, que desembocan en esa ansiedad, depresión e irritabilidad que comenté, que van a ser más intensas en personas que hacen ejercicio físico que en las que no. Por eso, atentos de nuevo a los cambios de humor, recordad que no es que tus padres, amigos o pareja no te entiendan, sino que estás mal por culpa del encierro, y echa mano de los consejos que pongo a continuación, que te servirán como “metadona” para evitar el síndrome de abstinencia.

Voy en este artículo con deportistas aficionados, no competidores, y con personas que practican ejercicio físico. La distinción entre ejercicio físico y deporte, para mi (hay muchas opiniones al respecto) radica en el objetivo que se persigue: si practicas actividad física para estar en forma, tener buena salud, y divertirte, sin más, es ejercicio físico. Si quieres superarte y conseguir retos, aunque sean personales y no competitivos, es deporte. En ambos casos hay “mono”, en deporte lógicamente más al ser más esfuerzo, pero a nivel mental quien va al gimnasio no sólo por salud física, sino también por contacto social, va a sufrir más el aislamiento al que nos vemos avocados.

Vamos con los consejos para sobrellevarlo. Justo ahora me acaban de pasar unos compañeros psicólogos un calendario con enlaces para ver en you tube tutoriales de todo lo que se hace en un gimnasio: pilates, gap, abdominales, etc. Bueno, si eso es lo que solías hacer, te puede servir. Yo añadiría que, si echas de menos a tus compañeros, quedéis por las redes sociales para compartir experiencias. Así se mantiene el componente lúdico-social.

Pero ¿y si lo que te gustaba era correr por el parque y no tienes ni cinta en casa? ¿Corres en el sitio como si estuvieras calentando? ¿O haces un surco en el pasillo? Sé que igual comentando esto genero polémica, pero creo que no deberían prohibir a las personas salir de casa a hacer deporte a nivel individual, con las debidas precauciones, por supuesto. De hecho, en Francia, a pesar de que también están aislados, lo recomiendan. El sistema inmunológico se refuerza con el ejercicio físico, y es precisamente lo que necesitamos para combatir el virus: tener fuertes nuestras defensas. No entiendo tampoco cómo no se ha promocionado ir a trabajar andando o en bici, si me apuras incluso en patinete, en lugar de utilizar ese transporte público que, sobre todo en grandes ciudades, de seguro ha producido más contagios que cualquier manifestación. Cualquiera que en Madrid haya cogido la línea 6 de metro, la circular, en hora punta, sabe de lo que hablo… y hasta hace nada seguía estando el metro saturado de gente en esa hora punta, porque no todo el mundo puede teletrabajar. Pero bueno, como está prohibido salir para hacer deporte, pues habrá que buscar otras soluciones. 

Suelen recomendar en los medios hacer una tabla de ejercicios para no perder el tono, y desde luego es necesario si quieres volver más o menos al mismo nivel cuando acabe el aislamiento, pero es posible que si sólo haces eso te acabes aburriendo y abandones. Por eso yo recomiendo buscar otro deporte o actividad física que sea complementaria a la que realizabas pero que te divierta más y, sobre todo, que te permita aprender. Puedes hacerlo como “recompensa” tras realizar la tabla de ejercicios, y así le añades ese punto de motivación que le faltaba. Por poner, un ejemplo, yo he decidido aprender algún que otro bailecito… porque, además, la música sube el ánimo, haciendo circular en nuestro cerebro, como el propio deporte, esas sustancias tan “majas” que nos hacen sentir bien… y si te vuelves un maestro del baile, cuando regreses al gimnasio igual te contratan jejeje.

Así que ya sabes, si no puedes correr ¡baila!

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