Coronavirus: quédate en casa

Desde que comenzó la crisis del coronavirus, y especialmente a partir de ese estado de alarma que nos obliga a quedarnos en casa, he estado atenta especialmente a ver cómo abordaban la faceta psicológica. Lo que más he encontrado han sido recomendaciones y recetas para sobrellevar el encierro doméstico. Pero he visto pocas noticias en las que se analice y explique qué va a suponer para cada uno de nosotros, país social por naturaleza, a los que nos encanta alternar y estar en la calle gracias a nuestro buen clima, el estar encerrados en casa.

Tal cual lo han difundido las redes sociales parece como incluso beneficioso para nuestra salud mental quedarse en casa, recogidito y tranquilito, sintiéndote solidario y responsable. Tan feliz, vamos. Si total, no cuesta nada, es mi casa, no una cárcel. Y es verdad, cuesta poco el primer día, porque es la novedad, el segundo, que seguimos en la lucha, estos días que hace mal tiempo… pero a medida que vaya avanzando la primavera y veamos el sol entrar por nuestra ventana tras semanas y semanas (porque está claro que no van a ser sólo dos) de estar entre cuatro paredes ¿nos va a parecer tan fácil? ¿Qué repercusiones tiene este aislamiento social en nuestro estado anímico?

Como con todo, dependiendo de la persona y sus circunstancias, cada cual lo encajará de una manera. Factores como el trabajar, teletrabajar o pasar el día en casa, estar solo o acompañado, la edad, el estilo de vida, y la forma de ser de cada uno influyen en cómo te vas a encontrar. Pero sea en mayor o menor medida, a todos, absolutamente a todos, nos va a afectar. Y lo primero de todo es reconocerlo.

Corren memes muy graciosos por ahí como que un miembro de la pareja descubre ahora que el otro es muy simpático, o que al tercer día de estar con los niños te los acabas comiendo como Saturno. Bromas aparte, podemos encontrarnos tanto que una pareja se una más, como que se acaben separando. Y es que no es lo mismo convivir durante unas horas que durante todo el día, no sólo por pasar más tiempo juntos, sino porque al no salir y relacionarte con otras personas se te acaban los temas de conversación, y le acabas sacando punta a todo. Así que, si de repente te parece de vital importancia en tu relación sentimental que tu pareja deje el abrigo en el perchero y no encima de la silla, cuidado: quizá estás “quemado” de tanto tiempo en casa y no sabes por dónde explotar.

Por otro lado, está la falta de sol que es un como un antidepresivo. Y, para los que les gusta caminar o hacer deporte, el “mono” de endorfinas. Si empiezas a notarte triste, melancólico, sin ganas de nada… es que te falta esa dosis de aire libre. Ese bajón puede convertirse también en irritabilidad si no lo reconoces e intentas remediarlo. Muchas personas sufren de una depresión encubierta: no parecen tristes (no van llorando por las esquinas) pero se quejan por todo y todo les molesta. Sigue siendo producto del encierro.

He visto también en las noticias que se están haciendo muchas ofertas de ocio on-line: cómics, abonos más baratos o gratuitos de las cadenas de TV de pago, conciertos on-line, visitas virtuales a museos… pero según para qué personas pueden resultar contraproducente. La emoción de ver Las Meninas en su tamaño natural no es equiparable a verlas en una pantalla, por grande que sea. Los gritos de “otra, otra” en un concierto no se oyen igual por los altavoces de la tele, aunque tengas un magnífico equipo de sonido. Por lo que intentar repetir lo que vives fuera dentro de casa te puede dar más sensación aún de encierro.

Por otro lado, está lo de coger rutinas de ejercicios para no perder la forma, que nunca hiciste y que te aburren soberanamente. O ponerte a ver 28 temporadas de una serie mientras estás en el sofá bebiendo y tomando aperitivos, para acabar en la siguiente temporada de “La Báscula”. Ambas opciones son simplemente distracciones que al final te pueden dejar sensación de vacío, porque no se te queda nada. Por eso, mi propuesta es hacer cosas que a la larga te van a resultar útiles, o que te aporten algo, a nivel mental o físico. Empiezo por la casa: podemos mejorarla acometiendo tareas como:

  • Tirar trastos u objetos viejos, ropa, papeles…
  • Revisar y organizar el trastero.
  • Hacer pequeños arreglos (ese cuadro que siempre se está torciendo…).
  • Cambiar detalles de la decoración.
  • Colocar elementos que nos sirvan para organizarnos mejor (ej. estanterías).
  • Reorganizar cajones…

Estas son unas primeras ideas. En siguientes artículos daré más. Pero, sobre todo, no olvidéis este mensaje: no intentéis ser “supermanes” que “pueden con todo”. Si los políticos están perdidos y no saben qué hacer ¿cómo no lo vamos a estar nosotros? Daros permiso para estar “de bajón”, y cuando lo notéis, hablad con vuestros seres queridos, aunque sea por teléfono.

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