Autoinstrucciones

Estamos en un campeonato. Miramos con quien nos toca la primera ronda y ¡mierda!.  Este es muy bueno. Me va a dar por todos los lados. En el saludo ni le miras porque te da miedo. Ya le estás dando una clave: estará pensando que te va a comer con patatas. Sales, saludas, y comienzas el combate. Te entra un ipon. Si ya lo sabía yo, no puedo con este tío. Ya tengo perdido el combate. Si es que siempre tengo mala suerte, podía haberme tocado con otro. Vaya mierda. Para esto he entrenado yo tanto…

AUTOVERBALIZACIONES

Cuando somos niños, aprendemos a desenvolvernos en el mundo escuchando a los adultos. El lenguaje forma parte de nuestro desarrollo como personas. A medida que crecemos, asimilamos ese lenguaje no sólo para comunicarnos, sino para nosotros mismos, para pensar. Observando a los niños pequeños mientras construyen algo podemos escuchar como “hablan solos”. También suelen repetir en voz alta al leer y aprenderse la lección del cole: utilizan el lenguaje para organizar sus ideas. El siguiente paso es que esas verbalizaciones se hagan internas. Y después, pasan a ser subconscientes, como cuando aprendemos a conducir: siendo novato piensas: “piso embrague, meto marcha, suelto embrague, pongo intermitente…” y cuando ya llevas un tiempo  conduciendo te sale automático, sin pensarlo.

Cada persona vive unas determinadas circunstancias en su vida ante las que puede reaccionar de una u otra manera según su personalidad. Esta personalidad comienza en los genes y se va forjando mientras crecemos en base a esas verbalizaciones internas que se convierten en un diálogo con nosotros mismos. Independientemente de cuál sea la situación a la que nos enfrentemos, tenemos ese “esquema mental” en nuestra cabeza, y conforme al mismo actuamos.

Las cosas no son realmente de una determinada manera, sino que dependen de como las percibimos. Como diría el refrán: “nada es verdad ni es mentira, todo es función del color del cristal con que se mira”.

LAS “PROFECÍAS”

Ocurre a veces que lo que pensamos se cumple, como si fuera una profecía. Como en el ejemplo al principio, si te obsesionas con un pequeño fallo y piensas que ya va la kata mal, irá mal porque estás perdiendo la concentración. Esto ocurre porque esas autoverbalizaciones negativas (no me está saliendo bien) funcionan como profecías: se cumplen.

ENTRENAMIENTO EN AUTOINSTRUCCIONES

Esta técnica sirve para modificar ese diálogo interno cuando éste no resulta productivo. Pasos a seguir:

1. Realizar un “repaso” mental cada vez que realizamos una kata (tanto en entrenamiento como
en competición) e identificar las autoverbalizaciones que nos hacemos.

2. Confeccionar una lista con frases positivas que nos podemos decir a nosotros mismos.

3. Rellenar un cuadro que nos sirva para cambiar el diálogo negativo. Ejemplo:

4. Ensayar en imaginación, una por una, las situaciones:

– Ponerse cómodo y cerrar los ojos.
– Imaginar que estamos en esa situación.
– Ensayar: nos imaginamos la situación, y en cuanto aparece el pensamiento negativo lo
cambiamos por la autoinstrucción (gritarla en voz alta).
– Repetirlo varias veces, durante varios días seguidos.
– Realizar ahora la misma secuencia pero sin decir en voz alta la autoinstrucción, sino       como un grito interior.

5. Ensayo en real: como en el paso 4, pero cuando estemos en competición o con un compañero en el gimnasio y ocurran realmente las situaciones apuntadas. Si es en el gimnasio, primero en voz alta y cuando veamos que conseguimos decirla en todas las situaciones apuntadas, nos gritamos la autoinstrucción “para dentro”. (tanto en el gimnasio como en la competición).

6. Repetir el paso anterior hasta que la autoinstrucción se haga automática, es decir, llegará un punto en que no aparecerá la autoverbalización negativa porque la autoinstrucción se ha impuesto de forma inconsciente. El mecanismo ya está establecido. Hemos cambiado el diálogo interno.

ELEGIR AUTOINSTRUCCIONES POSITIVAS

Un último punto a reseñar: a la hora de confeccionar la lista, tener en cuenta que estas autoinstrucciones deben formularse en positivo: mejor pensar “voy bien” que “no voy mal” o “estoy tranquilo” que “no estoy nervioso”. Por una razón: si te dicen que no pienses en un elefante rojo, aparecerá el elefante rojo en tu cabeza. Si piensas que no estás nervioso automáticamente vas a pensar que lo estás, porque has dirigido la atención hacia ese pensamiento. Mejor utilizar otro diferente (piensa en un elefante gris y no verás el rojo).